miércoles, 6 de octubre de 2010 | By: Mucuinka

Pensar en el pecado me causó migrañas y me robó el sueño

Todos tenemos un ángel y demonio interno

Pensar en el pecado y las variedades de éste me provocaron una migraña terrible, reconocerme pecadora y asidua en uno que otro de estos me robo el sueño.
Mi abuela, mujer sabia (y a la que recuerdo a diario por sus enseñanzas) solía decirme con insistencia en mis días de ocio infantil: “la pereza es la madre de los vicios”, entendiéndose esto que la inactividad procreaba inmoralidades, corrupciones, desenfrenos, depravaciones, perversiones y desde luego el libertinaje.
Hoy día que vivo los momentos más pasivos de mí existencia fruto de las exigencias laborales y mi propia falta de decisión más el letargo o muerte de mis sueños (según me hizo ver mi hija) creo que la inactividad del cuerpo y la mente, es el principio del fin del ser humano dentro no sólo de la sociedad sino como dueño de sí mismo. Si bien por mucho tiempo desee tener tiempo libre para escribir un libro (sobre un sin fin de temas que pululan por mi migrañosa cabeza) o cuentos infantiles en compañía de mi retoño, hoy que tengo todas estas horas no sé que hacer con ellas y leer sobre los pecados para escribir sobre esto en mi blog sin duda me ha afectado en mi polvorienta consciencia.
Me pregunto si los santos, filósofos y demás seres pensantes que han razonado sobre el pecado han terminado cuestionándose a sí mismo como lo estoy haciendo yo en esta semana dedicada al Pecado. ¿Será que el pecado en sí tiene como objetivo en lugar de condenarnos a un infierno bajo tierra y producto de las sentencias religiosas más bien someternos a los juicios de nuestra implacable consciencia? Veamos que opinan y/o opinaban al respecto mortales como: Fernando Fernández Savater Martín, Eduardo Galeano, Sigmund Freud, Blaise Pascal, Martín Lucero, Jean Jacques Rousseau, Henri de Saint Simon y Marx, entre otros.

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