Un poco de todo como yo, nada y todo encasillado, nada y todo fuera de mi mundo.
Entre mis valores y el deber del cargo,rompí mi bozal de arepa
En el 2008, mientras era coordinadora de la Oficina de Comunicación Institucional de la Gobernación del Estado Mérida escribí un breve discurso (que no fue leído) para la Jefa turno de la OCI con motivo al Día de Periodista. En el momento que escribía el discurso que ya conocerán recuerdo haber tenido un cóctel de emociones embriagándome. Mis valores y conceptos con respecto a la ética periodística me arropaban mientras mi sentido del deber al cargo que ocupaba me conducían, esa noche agotada aún en mi escuálida oficina con vista a la Plaza Bolívar cerré los ojos, me tomé un café recalentado de los que había preparado la dulce Micaela en horas de la mañana y ante tanto por decir, me deje llevar y nació esto:
“Ser periodista en la Venezuela de hoy”
El ser humano como ente social desde los inicios de su historia ha tenido la necesidad de comunicarse con sus semejantes; de hecho en gran proporción, el florecimiento de la humanidad a través de los siglos se debe al intercambio de información entre los individuos. Precisamente ésta es la razón de ser del periodismo.
El periodismo es una consecuencia de la necesidad de comunicarse del ser humano, prueba de esto son las inscripciones encontradas en las cuevas de Altamira, consideradas como las primeras manifestaciones comunicativas del hombre, las cuales con el tiempo se convirtieron en palabras que se plasmaron en papiros y finalmente en papel que luego se multiplicaría con la imprenta de Gutenberg, y es aquí cuando el periodismo comienza a sufrir transformaciones en su forma y contenido, pasando de una actividad de poca técnica hasta una más especializada, que demanda de sus practicantes una mejor preparación, la cual debe atender a las múltiples exigencias del mercado informativo, pues a medida que la sociedad ha crecido y avanzado en el tiempo, su criterio y requerimientos de información también han evolucionado siendo incluso más exigentes al punto que muchos comunicadores se pregunten ¿ hoy día, es igual de sencillo hacer periodismo, qué ser periodista?
Estimados colegas. Hoy día hacer periodismo es muy factible, pero ser periodista se torna muy complejo ya que para consumar algo tan básico como informarle a la humanidad lo que sucede a su alrededor, a través de un medio de comunicación, antes hay que ponerse a pensar si eso va a afectar al dueño, a alguna fuente que tiene influencia sobre el medio, a un empresario que lo apoya económicamente o simplemente a la persona que pone el dinero para que se haga el programa, como ocurre en el caso de la radio o la televisión.
Frente lo anterior, muchos declinan de un lado u otro y la fórmula a seguir tiene visos de simple: se acepta el raciocinio de poder de los sectores dominantes que someten a los periodistas ansiando nutrirse de esta profesión y de alguna manera tratando de obtener "reconocimiento" social a cambio de no dar a conocer determinadas informaciones, o si no se intenta modificar el actual artilugio periodístico, aunque esto involucre quedarse fuera del sistema de medios de comunicación por no pensar como "es debido" o como “conviene”. Es entonces, cuando la transformación deseada se muestra como una tarea muy difícil, pero no imposible.
Muchos ciudadanos a las puertas de las universidades se preguntan ¿ser o no ser periodista en la actualidad? y algunos vacilan. Pero si se ama la profesión y se tiene una autentica vocación para ello, muchos declinarán por esta noble labor, no obstante, se hace necesario que quienes decidan seguir este sendero muchas veces censurado, otras tantas criticado y pocas veces halagado entienda el sentido del origen periodismo y finalmente comprenda por qué es condición necesaria para esta profesión trabajar con libertad y compromiso social para desempeñar esta tarea, pues de lo contrario sometemos al periodismo al vacío de contenido y se transforma en pura propaganda ideológica y pierde su sentido originario. Informar.
Si alguien les pregunta si aún vale la pena estudiar periodismo, digamos que sí, porque la universidad sigue siendo un lugar en donde se construye la razón crítica del individuo que convive con y de la sociedad, y esto es mucho más importante que aprender a desarrollar una actividad específica ya que si el individuo comprende su entorno y el mundo, puede comenzar a cambiar lo que considera que está mal o perjudica a la sociedad. Pero no sólo una persona, ni dos, ni cien, ni mil, sino la suma de la mayoría de las razones críticas conjugadas con el sentido ético de todos quienes tienen en su haber la responsabilidad de llegar a las masas, logran una sociedad más sana y realmente evolucionada en todo sentido.
Ser periodista, hoy como ayer, significa fajarse para ganarse una parte del espacio que otros administran, para ofrendarlo en el altar de la búsqueda de la verdad, deshaciendo entuertos, rechazando exclusiones y tratando de recoger todas las voces del concierto social.
Asumir la responsabilidad de ser periodista siempre ha sido una tarea colosal que involucra un desafío dialéctico entre el individuo y el director; entre el profesional y el empresario; y al mismo tiempo trazar los hilos de la convivencia y el entendimiento entre los respectivos intereses, sobre todo en la medida en que el periodismo se industrializó y se fue haciendo transnacional, demandando cada vez más recursos tecnológicos y, por supuesto, más capital y a veces menos corazón.
Eso depende del valor de cada quien en el mercado laboral. Para los que ya vamos en la pendiente resbaladiza de los años, es cuestión de capacidad de maniobra y negociación para mantener los espacios libertarios conquistados durante décadas de trabajo.
Es menos favorable para las nuevas generaciones, para los que emergen. A ellos les costará mucho más esfuerzo, templanza y valor ejercer el periodismo con grados significativos de libertad, para lo cual tendrán que esmerarse en una amplia y profunda formación y convicción de servicio a la colectividad y no a un reducido colectivo o en muchos casos, sólo a nuestro bolsillo.
Por supuesto, estoy hablando de ser periodista de verdad. Porque los mercantiles de esta profesión no tendrán demasiado problemas. Es más, ahora ganan más privilegios y tendrán mejores oportunidades, en la misma medida en que se quiten la cabeza y la coloquen en la mesa de los intereses que controlan la comunicación.
Hablo de que ser periodista es ser comunicador, y que comunicar es servir al interés de la comunidad, de la sociedad, sin exclusiones ni complicidades, reivindicando la multiplicidad de las voces, de la pluralidad, de la universalidad del derecho a la libertad, a la justicia, a la vida.
Ser periodista hoy como ayer es coherencia en la búsqueda del bienestar de toda la colectividad, aunque para ello haya que sacrificar el bienestar individual y hasta la seguridad personal y familiar, pero con una gran ganancia. Una mejor sociedad, una que nazca de la verdad y de la participación de todos con sentido de responsabilidad por todos.
No me queda más que invitarlos a reflexionar sobre esas palabras, hoy más que nunca cuando el pueblo venezolano en general, necesita estar mejor informado y eso se lo podemos brindar nosotros los periodistas.
Feliz día a mis colegas periodistas y gracias a las nuevas generaciones que creyendo en la palabra de sus antecesores, se atreven a enrolarse en esta noble profesión.
El periodismo es una consecuencia de la necesidad de comunicarse del ser humano, prueba de esto son las inscripciones encontradas en las cuevas de Altamira, consideradas como las primeras manifestaciones comunicativas del hombre, las cuales con el tiempo se convirtieron en palabras que se plasmaron en papiros y finalmente en papel que luego se multiplicaría con la imprenta de Gutenberg, y es aquí cuando el periodismo comienza a sufrir transformaciones en su forma y contenido, pasando de una actividad de poca técnica hasta una más especializada, que demanda de sus practicantes una mejor preparación, la cual debe atender a las múltiples exigencias del mercado informativo, pues a medida que la sociedad ha crecido y avanzado en el tiempo, su criterio y requerimientos de información también han evolucionado siendo incluso más exigentes al punto que muchos comunicadores se pregunten ¿ hoy día, es igual de sencillo hacer periodismo, qué ser periodista?
Estimados colegas. Hoy día hacer periodismo es muy factible, pero ser periodista se torna muy complejo ya que para consumar algo tan básico como informarle a la humanidad lo que sucede a su alrededor, a través de un medio de comunicación, antes hay que ponerse a pensar si eso va a afectar al dueño, a alguna fuente que tiene influencia sobre el medio, a un empresario que lo apoya económicamente o simplemente a la persona que pone el dinero para que se haga el programa, como ocurre en el caso de la radio o la televisión.
Frente lo anterior, muchos declinan de un lado u otro y la fórmula a seguir tiene visos de simple: se acepta el raciocinio de poder de los sectores dominantes que someten a los periodistas ansiando nutrirse de esta profesión y de alguna manera tratando de obtener "reconocimiento" social a cambio de no dar a conocer determinadas informaciones, o si no se intenta modificar el actual artilugio periodístico, aunque esto involucre quedarse fuera del sistema de medios de comunicación por no pensar como "es debido" o como “conviene”. Es entonces, cuando la transformación deseada se muestra como una tarea muy difícil, pero no imposible.
Muchos ciudadanos a las puertas de las universidades se preguntan ¿ser o no ser periodista en la actualidad? y algunos vacilan. Pero si se ama la profesión y se tiene una autentica vocación para ello, muchos declinarán por esta noble labor, no obstante, se hace necesario que quienes decidan seguir este sendero muchas veces censurado, otras tantas criticado y pocas veces halagado entienda el sentido del origen periodismo y finalmente comprenda por qué es condición necesaria para esta profesión trabajar con libertad y compromiso social para desempeñar esta tarea, pues de lo contrario sometemos al periodismo al vacío de contenido y se transforma en pura propaganda ideológica y pierde su sentido originario. Informar.
Si alguien les pregunta si aún vale la pena estudiar periodismo, digamos que sí, porque la universidad sigue siendo un lugar en donde se construye la razón crítica del individuo que convive con y de la sociedad, y esto es mucho más importante que aprender a desarrollar una actividad específica ya que si el individuo comprende su entorno y el mundo, puede comenzar a cambiar lo que considera que está mal o perjudica a la sociedad. Pero no sólo una persona, ni dos, ni cien, ni mil, sino la suma de la mayoría de las razones críticas conjugadas con el sentido ético de todos quienes tienen en su haber la responsabilidad de llegar a las masas, logran una sociedad más sana y realmente evolucionada en todo sentido.
Ser periodista, hoy como ayer, significa fajarse para ganarse una parte del espacio que otros administran, para ofrendarlo en el altar de la búsqueda de la verdad, deshaciendo entuertos, rechazando exclusiones y tratando de recoger todas las voces del concierto social.
Asumir la responsabilidad de ser periodista siempre ha sido una tarea colosal que involucra un desafío dialéctico entre el individuo y el director; entre el profesional y el empresario; y al mismo tiempo trazar los hilos de la convivencia y el entendimiento entre los respectivos intereses, sobre todo en la medida en que el periodismo se industrializó y se fue haciendo transnacional, demandando cada vez más recursos tecnológicos y, por supuesto, más capital y a veces menos corazón.
Eso depende del valor de cada quien en el mercado laboral. Para los que ya vamos en la pendiente resbaladiza de los años, es cuestión de capacidad de maniobra y negociación para mantener los espacios libertarios conquistados durante décadas de trabajo.
Es menos favorable para las nuevas generaciones, para los que emergen. A ellos les costará mucho más esfuerzo, templanza y valor ejercer el periodismo con grados significativos de libertad, para lo cual tendrán que esmerarse en una amplia y profunda formación y convicción de servicio a la colectividad y no a un reducido colectivo o en muchos casos, sólo a nuestro bolsillo.
Por supuesto, estoy hablando de ser periodista de verdad. Porque los mercantiles de esta profesión no tendrán demasiado problemas. Es más, ahora ganan más privilegios y tendrán mejores oportunidades, en la misma medida en que se quiten la cabeza y la coloquen en la mesa de los intereses que controlan la comunicación.
Hablo de que ser periodista es ser comunicador, y que comunicar es servir al interés de la comunidad, de la sociedad, sin exclusiones ni complicidades, reivindicando la multiplicidad de las voces, de la pluralidad, de la universalidad del derecho a la libertad, a la justicia, a la vida.
Ser periodista hoy como ayer es coherencia en la búsqueda del bienestar de toda la colectividad, aunque para ello haya que sacrificar el bienestar individual y hasta la seguridad personal y familiar, pero con una gran ganancia. Una mejor sociedad, una que nazca de la verdad y de la participación de todos con sentido de responsabilidad por todos.
No me queda más que invitarlos a reflexionar sobre esas palabras, hoy más que nunca cuando el pueblo venezolano en general, necesita estar mejor informado y eso se lo podemos brindar nosotros los periodistas.
Feliz día a mis colegas periodistas y gracias a las nuevas generaciones que creyendo en la palabra de sus antecesores, se atreven a enrolarse en esta noble profesión.
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